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15/12/10

El tiempo de los bancos


Ahora os dejo con una entrada de Alfonso. Una gran reflexión.
(pincha en el titular de entrada para ir a su blog y ver la entrada completa)
El tiempo no pasa igual mientras uno espera su turno en el ambulatorio, que cuando espera oír sus apellidos familiares en un examen oral, o cuando uno trabaja... El tiempo está tejido de circunstancias, de lugares y actos. Es muy distinto mientras dormimos. Nunca dejará de impresionarme el hecho de que pasamos el tercio de nuestra vida durmiendo, «el tercio de los sueños» que cantaba Calamaro. Siempre he pensado que la necesidad de dormir es una prueba muy clara de nuestra pequeñez. También San Pablo, Alejandro o Napoleón dormían.

Esta mañana me he topado con dos nuevos bancos, cerca de mi casa. Será cosa del Ayuntamiento, que no ha creído posible especular con esos 2 ó 3 metros de suelo que ocupan a lo largo. El banco forma parte de la postmodernidad resistente, porque en nuestra época el banco es la quintaesencia de lo descatalogado, es una lucha contra el instante y las prisas. Trataré de explicar esta frase pretenciosa e ilegible a continuación. Un banco es un asiento que dice ¡Espera! al atareado transeúnte que va huyendo con urgencia de lo importante. Hacer caso al banco, a su delicada atracción es ya señal de humildad. Sentarse, bien porque se espera alguien o porque se quiere contemplar algo, centrar la atención, o simplemente porque se está cansado. En este mundo de estímulos instantáneos, de pragmatismo extremo, un banco es una fortaleza, un refugio, un lugar donde decir «Me detengo, precisamente porque valoro mi tiempo y lo que me rodea». Cuando las cosas, las relaciones laborales, e incluso los compromisos personales son de usar y tirar, sentarse en medio de la calle o en un parque es un acto de rebeldía. Es algo propio de un transeúnte gamberrete, por no decir punk. Pues la actitud "correcta" sería pasar de largo: has pasado mil veces por este parque, no tienes nada que pensar, llegas tarde a X/Y/Z... La reflexión es una asignatura pendiente en nuestras vidas, también la sustitución de los deleites más artificiosos y llamativos por los más naturales y satisfactorios; entre los que se cuenta claro está reposar tranquilamente en un banco.

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