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27/1/20

Gasherbrum 1958. El relato inédito de una conquista - Walter Bonatti

Seguimos con literatura  de montaña. Me encanta!
Si hay una montaña más difícil de escalar que el K2, según los entendidos, ese es el Gasherbrum IV. El GIV, decimoséptima montaña más alta de la tierra (7.925 metros/26.001 pies). Situada al fondo del glaciar del Baltoro y del circo de Concordia, es sin duda una de las montañas más simétricas y deslumbrantes del Karakórum y presenta una subida extremadamente técnica.

La primera ascensión la realizó en 1958 la cordada italiana: Walter Bonatti - Carlo Mauri y desde entonces sólo se ha ascendido en otras 3 ocasiones... lo que nos habla de su extremada dificultad.
«Me sigue Mauri, no hacemos comentario alguno, pero siento que estas reacciones solo pueden ser recíprocas. La pared es lisa y compacta, y al mismo tiempo la roca se desmenuza, como también la fina capa de nieve que la recubre a tramos. A menudo hay que utilizar clavos para poder asegurarnos, unos clavos que luego hay que recuperar para no quedarnos sin ellos. Todo es peligroso y poco fiable: la roca, la nieve, los clavos que ponemos, e incluso el frío, que se ensaña con nuestras manos cuando, en los pasajes más delicados, nos vemos obligados a quitarnos los guantes. Nos gustaría poder quitarnos también los crampones, pero a la vista de las bajísimas temperaturas nos abstenemos de hacerlo, por miedo a no poder volver a calzárnoslos en caso de necesidad. Las dificultades técnicas rondan el V grado, sin contar con que la altitud, el hielo y la inminencia de la tormenta vuelven exasperantemente lenta nuestra progresión. Es una lucha desesperada, entre la realidad y nosotros mismos, pero al final ganamos nosotros. A las doce y media exactamente, nuestras banderitas de Italia, Pakistán y el CAI ondean, o más bien se agitan violentamente, a merced del viento tormentoso de la cumbre. Estamos a 7.980 metros, en la cota más levada del GIV. Idealmente, todos nuestros compañeros de expedición están aquí arriba con nosotros, viviendo este momento decisivo. Parece increíble que en tan breves instantes haya que dar por concluida una realidad tan larga y tan compleja de materializar. Nos abrazamos emocionados».
Este libro es el relato a modo de diario escrito por Walter Bonatti a su retorno después de la aventura. El manuscrito ha permanecido olvidado durante seis décadas entre todos los documentos de su archivo personal.

Un testimonio inédito hasta la fecha donde el protagonista reescribe la historia con revelaciones sobre la expedición, el recuerdo de sus compañeros, los detalles y la extrema dificultad de la lenta y emocionante aproximación a la cumbre por una vía que nadie ha vuelto a repetir en los sesenta años siguientes, y algunas polémicas tras el regreso a Italia.
El equipo que conformó la expedición al CIV, 1958
«Durante la estancia en Concordia se realizará el pago a los porteadores, que es como la celebración de un verdadero rito y resulta siempre muy curioso de ver. Algunos reciben un anticipo, a otros se les abona la liquidación, y unos y otros dan vida a un cuadro realmente penoso. Los pobrecillos permanecen acuclillados sobre la nieve, en pequeños grupos, durante horas y horas, esperando su turno con paciencia casi estoica. En cambio, allí donde se reúnen los que ya han recibido la paga, hay movimiento, acción, y los dos grupos contrastan tanto entre sí que no parece que estén compuestos por la misma gente. Los hay que cuentan ávidamente las monedas y las vuelven a contar; otros, quejosos, se disponen a volver a sus aldeas, y también hay quien se pelea con sus amigos. En resumen, nadie parece alegre, sino que reina un descontento general, aunque sé con seguridad que todos han recibido ni más ni menos que su paga exacta. Una vez más, llego a la conclusión de que el dinero es la causa principal de la infelicidad humana...». 
Bonatti en la cima del GIV, el 6 de agosto de 1958
«Hay poco que decir: Bonatti es un dios. Cuando llega su turno, veo el puntito rojo de su jersey que avanza, diría que sin esfuerzo, pero sin duda con decisión y ligerezas únicas, hasta llegar al punto de reunión. Comparados con él, los otros son de arcilla y tierra, humilde carne humana».

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