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9/4/14

La cabra tira al monte

La canción de Nacho Vegas, dentro de su tónica habitual, merece la pena.

Hace tiempo que no escribo ni hablo sobre alpinismo. Y es que no hay mucha posibilidad de subir montañas en la Gran Bretaña. 
La más alta, Ben Nevis, 1344 metros, está en Escocia y me pilla un poco lejos, aunque algún día espero poder ir.
Nevertheless, el otro día vi un documental, para practicar mi inglés: K2: The Killer Summit.
Leer y ver cosas que te gustan es un muy buen método de aprendizaje. Obvio. Además, así aprendes el doble. Lo bueno, si te gusta, dos veces bueno. 
In the other hand, estoy leyendo un libro pío muy interesante, lo saco a colación porque habla de alpinismo. A las afueras de Jericó del Cardenal Herranz.   
Transcribo un pequeño fragmento quizá irrelevante para muchos, quizá superficial... pero que me interesó sobremanera ya que Pablo VI defiende mi tesis acerca de las bondades del alpinismo. 
No debía ser mala persona:

Pablo VI había pasado los veranos desde su infancia y juventud en Borno y Ponte di Legno dos bellas localidades de Val Camonica, en los Alpes Centrales, y estimaba el alpinismo, pese a haberlo practicado poco. En una alocución a los socios del Club Alpino Italiano, les dijo: “El lenguaje bíblico, especialmente en los salmos, llama a Dios con nombre de roca, de piedra: Él es Aquel que no abandona, Aquel en quien uno se puede apoyar y agarrar, porque sólo en Él está la salvación y la gloria. El ejercicio del alpinismo lleva irresistiblemente a Dios”.

Ale, todos al monte.

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